
Con los años me he dado cuenta que una de las gasolinas de mi vida es la de hacer cosas para los demás. Poder contribuir a que las personas puedan disponer de una existencia más féliz.

Un día estaba leyendo en el periódico La Vanguardia. En una de las entrevistas diarias sobre personas relevantes, no me acuerdo de quien era, pero decía que había un gran sabio que dijo:
“ ...de joven quería cambiar el Mundo. Con el tiempo me di cuenta de que no lo podía cambiar y me dediqué a cambiar mi País. Tampoco tuve éxito e intenté cambiar mi ciudad. Después de otro fracaso mi objetivo más inmediato era cambiar mi familia, y tampoco tuve éxito. Antes de morir me di cuenta que tenía que haber empezado por cambiar yo. Me había dado cuenta tarde de que el cambio empieza desde el ejemplo de uno mismo”.



Lo obvio es para las empresas sin alma, para las empresas y las personas que solamente son capaces de ver lo que sus ojos detectan.
Donde está el reto es ver en clave de lo que está más allá de los objetos. Mi terreno natural, donde me encuentro cómodo y a mis anchas, está en las aventuras de difícil consecución. Está en aquellos proyectos que aparentemente, desde la mirada de lo obvio tienen un % residual de éxito de los proyectos. En aquellos proyectos que de entrada desde lo obvio tienen el 1% menos
de éxito. Mi espacio es en el más difícil todavía ...
Igual es por que siento que para avanzar de forma sólida hay que buscar caminos y rutas nuevas. Como hacen los buenos alpinistas, que son capaces de intuir y de ver caminos nuevos y diferentes que llevan a la cima.
Nuestros ojos no solamente están para miran las dimensiones físicas ni geométricas. También saben miran desde una dimensión emocional. Son capaces de llegar a interpretar la información racional que reciben y traducirla a claves de valores, emociones y sentimientos.
Porque si eso lo hacemos en nuestra vida particular, no lo podemos hacer en la vida profesional. Porque no podemos decir que este proyecto lo veo mal o que tiene "buen augurio".
Porque...está mal visto hablar de aspectos intangibles en el mundo profesional, porque todo ha de basarse en datos y números y poco en sentimientos como la colaboración, el orgullo, la contribución social...
Me he negado, me niego y me negaré a renunciar a acompañar los fríos números de lo obvio con los sentimientos de mi alma.
Hay que descubrir nuevas rutas emocionales en el enfoque de los retos.
Solamente la fuerza de nuestro espíritu que es capaz de llegar más allá que el cuerpo y la mente.